Escribí sobre ese combito de muchaches emo que transmutó en chimbitas de silicona alta y nalga parada y que conquistó internet antes de la fibra óptica y que se tomó las fiestas de guaracha de Medellín.
Los niños de los noventa y los dos mil crecieron jugando un juego hackeado por un paisa, que hablaba como ellos y ponía en pantalla a sus jugadores favoritos (en contra de todos los pronósticos).
Encontrar un buen sumiso no es cosa fácil. O mejor: encontrar un buen sumiso para uno no es cosa fácil. No a todo el mundo le gustan las mismas cosas. El mundo kinky es complejo por lo específico.
Escribí para Universo Centro una crónica sobre la movida BDSM en Medellín. Azotes, culos, amarres, agujas... Aquí la podés leer completa:
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