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Mariposario: Confesiones de una stalker

Collage: Juan Fernando Ospina
Collage: Juan Fernando Ospina

Antes de la mariposa estuvo el huevo. Y después del huevo, la oruga. Y esa oruga se cubrió en seda y se pegó de una ramita con la cabeza hacia el suelo, incapaz de desplazarse o defenderse, inmóvil, expectante, y ahí esperó muy quieta, confiando en su suerte, hasta que sus alas estuvieron completas y se llenaron de colores.


Dice Kim Zuluaga que hubo una vez un profesor del Salazar y Herrera que era como homofóbico, y por ridículo —por justicia divina, por eso que llaman karma— le tocaron todas las maricas del colegio en un mismo salón.


—Esto parece un mariposario —dijo el profesor.


Escribí sobre ese combito de muchaches emo que transmutó en chimbitas de silicona alta y nalga parada y que conquistó internet antes de la fibra óptica y que se tomó las fiestas de guaracha de Medellín:




Escribir es una maldición que salva, dice Clarice Lispector.

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