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El gallo de Senovia

Ilustración de un gallo que canta a deshoras
Ilustración de Cachorro para Universo Centro

Este era un gallo de ciudad y por eso cantaba a deshoras. El piloto tenía la mala suerte de escucharlo cada vez que llegaba a la casa de su novia a echarse un sueño después de un viaje largo. Más que la proximidad del día, el ave anunciaba el paso del tiempo a un ritmo propio, irreverente, sin sentido.


La primera vez que lo escucharon cantó a las cuatro de la mañana, cuando el piloto por fin había logrado conciliar un sueño liviano y resentido por el jet lag de un vuelo desde Europa.


—¡Kiiiiiiiii kiiiiirikiiiiiiiiiii! —escucharon de nuevo a las seis. Luego a las ocho. Después a las once, mientras comían panqueques con miel de maple de Aunt Jemima, como las familias gringas de las películas domingueras.


—¿Cuándo compraron gallo estos hijueputas?



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Escribir es una maldición que salva, dice Clarice Lispector.

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