El gallo de Senovia
- lacocinadeolivia
- 1 dic 2025
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Este era un gallo de ciudad y por eso cantaba a deshoras. El piloto tenía la mala suerte de escucharlo cada vez que llegaba a la casa de su novia a echarse un sueño después de un viaje largo. Más que la proximidad del día, el ave anunciaba el paso del tiempo a un ritmo propio, irreverente, sin sentido.
La primera vez que lo escucharon cantó a las cuatro de la mañana, cuando el piloto por fin había logrado conciliar un sueño liviano y resentido por el jet lag de un vuelo desde Europa.
—¡Kiiiiiiiii kiiiiirikiiiiiiiiiii! —escucharon de nuevo a las seis. Luego a las ocho. Después a las once, mientras comían panqueques con miel de maple de Aunt Jemima, como las familias gringas de las películas domingueras.
—¿Cuándo compraron gallo estos hijueputas?


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